Una de las especies de animales más emblemática de los últimos años en nuestro país, debido a su tamaño y a la simpatía que genera en las personas, es la ballena gris (Eschrichtius robustus). Debido a su carácter tranquilo, permite que la gente se acerque y las pueda ver de cerca, incluso tocarlas, por lo que esta ballena es bastante carismática. Las ballenas son mamíferos, es decir, que se desarrollan dentro del útero de su madre, tienen pelo y se alimentan de leche materna. El grupo de mamíferos al que pertenecen las ballenas se le llama cetáceo (gran animal marino), que a su vez se divide en dos categorías, los cetáceos con dientes (odontoceti) y los cetáceos con barbas (mysticetis), las ballenas grises pertenecen al segundo grupo.
Su tamaño al ser adultos, puede variar entre los 12 y los 16 metros, pueden pesar de 20 a 30 toneladas. Cuando nacen ya pesan media tonelada y miden más de cuatro metros, sin embargo, a las pocas semanas de nacer puede duplicar su tamaño, debido a que la leche materna tiene mucha grasa, lo que le permite realizar la migración de regreso al ártico al finalizar el invierno.
Existen dos poblaciones de esta especie, una en las costas de Asia y la población que llega a las costas de Baja California. La población asiática se encuentra en severo peligro de extinción porque su población ha sido reducida por la cacería, según Greenpeace apenas sobreviven 200 hembras reproductoras. La población americana viven durante la primavera y el verano en el Mar de Bering y en otoño e invierno en el Mar de Cortés, lo que significa que cada año realiza una migración de más de 10 000 kilómetros, la más larga entre los mamíferos de todo el mundo.
Es una ballena única en varios aspectos. Por ejemplo, nunca se aleja más allá de 10 kilómetros de la costa, por lo que la migración la hace siguiendo toda la línea costera de Canadá y Estados Unidos. También es única en su forma de alimentarse, mientras que las demás ballenas se alimentan filtrando el plancton del agua, las ballenas grises se alimentan filtrando el sedimento del fondo del mar y así capturar pequeños crustáceos, además, se alimentan de forma preferente en las aguas del Ártico, mientras que durante la migración y su estancia en Baja California no se alimentan.
La relación entre la madre y su cría es muy sólida. Después del nacimiento pasan juntos más de 11 meses. Las madres también son conocidas como “peces diablo” por la fiereza con la que defienden a las crías, sin importar que se trate de un grupo de orcas o de seres humanos. Son animales muy solidarios, siempre siguen al líder de la manada sin importar que solo sea para morir en una playa y cuando se trata de proteger a las crías puede participar todo el grupo.
A pesar de que en los últimos años se ha registrado un aumento de 3% en el número de individuos que forman la población, llegando a más de 21 000 organismos, debido a su naturaleza biológica se le considera como una especie amenazada. Algunas de las amenazas que enfrenta es la destrucción de su hábitat y la cacería ilegal.
Originalmente existían tres poblaciones de estas ballenas, una en el Océano Atlántico y dos en el Pacífico, la asiática y la americana. La población del Atlántico desapareció en el Siglo XVII debido a la cacería indiscriminada. En aquellos años el aceite de ballena era utilizado en lámparas para alumbrar durante la noche, por lo que todas las especies de ballenas fueron cazadas cruelmente.
Actualmente la población asiática se encuentra muy disminuida ya que los gobiernos de Japón, Rusia y las Coreas, no se han preocupado por conservarla, por el contrario, el gobierno japonés es uno de los dos, junto con el de Noruega, que se niegan a prohibir de manera definitiva la cacería de ballenas.
Para la década de los 70’s del Siglo XX sólo quedaban cerca de 2 000 ballenas, por lo tanto se consideraba como una especie en peligro de extinción. En aquellos años la Comisión Ballenera Internacional logró que se prohibiera completamente la captura de estos animales, con excepción de la población inuit, ellos tienen el permiso de capturar 27 ballenas al año. También se declaró como zonas protegidas las Lagunas Ojo de Liebre y San Ignacio, lo que significó el inicio de la recuperación de la población de ballena gris. Para el año 1998 se contabilizaron más de 26 000 ejemplares y hoy en día ya no se considera que esté en peligro de extinción.
Con las ballenas grises ha sucedido un fenómeno muy curioso, resulta que una ballena viva vale más que una ballena muerta. Alrededor de estos animales se ha generado una industria muy próspera para el avistamiento de ballenas. Los pescadores de esas localidades alquilan sus embarcaciones para que la gente pueda observar de cerca a estos animales que, como mencioné anteriormente, pueden medir hasta más de 16 metros de largo.
A pesar de su evidente recuperación, de la protección gubernamental y de la mirada vigilante de la sociedad civil, la ballena gris continúa siendo amenazada como la gran mayoría de las poblaciones de este planeta. algunas de las amenazas son la contaminación del agua por metales pesados, la extracción de sal así como el turismo irresponsable constituyen un riesgo real.
La ballena gris constituye un ejemplo de cómo con voluntad política se puede evitar la extinción de una especie. Pero los políticos solo tienen voluntad para hacer lo que quieren las personas que los pusieron en los puestos, por eso es necesaria la participación de todos para obligar a los políticos a hacer lo correcto.